RECENT POST
Showing posts with label Conquistadores españoles. Show all posts
Showing posts with label Conquistadores españoles. Show all posts

Monday, April 20, 2009

Valdivia al frente de 150 hombres, llego al valle del río Mapocho, donde fundo la ciudad Santiago de la Nueva Extremadura (febrero de 1541). Las circunstancias se presentaron muy difíciles: la falta de abastecimientos y la empecinada belicosidad de los naturales obligo a los españoles a extremar sus cuidados. Valdivia resolvió solicitar refuerzos al Perú comisionando a tal efecto a Alonso de Monroy. Sin embargo, los refuerzos demoraron más de tres años pues, por ese entonces, el Perú estaba sumido en plena guerra civil. A fines de 1543 llegaron algunos contingentes con los cuales Valdivia pudo ampliar su dominio sobre los territorios conquistados: fundo La Serena (1544) y ordeno una penetración hacia el sur. Los españoles obtuvieron tierras e indios, pero las encomiendas no dieron resultado ya que los araucanos rechazaron el trabajo servil que se les imponía. Al tener noticias de la rebelión de Gonzalo Pizarro en contra del pacificador La Gasca, Valdivia volvió al Perú alistándose en las filas de este último. Terminada la sangrienta contienda, La Gasca lo designo gobernador de Chile. Valdivia emprendió entonces una vigorosa acción hacia el este y el sur. Ordeno a Francisco de Villagra la ocupación de Tucumán, cruzando la cordillera, en tanto él se dirigió hacia el sur donde fundo Concepción (1550). Los araucanos, por su parte, dirigidos por el brillante estratega Lautaro, plantearon una nueva táctica. Basaron su ofensiva en la superioridad numérica, pero en lugar de atacar en masa, convirtiéndose en fácil presa de las armas de fuego, plantearon una lucha por grupos. En la batalla de Tucapel (1554) esta táctica les dio óptimos resultados pues la caballería española se agoto frente a los ataques escalonados de las fuerzas indígenas que, pese a sus cuantiosas bajas, se renovaban constantemente. Las tropas españolas fueron derrotadas al fin, y el gobernador Valdivia hecho prisionero, fue condenado a una terrible muerte… “El cráneo seccionado de Pedro de Valdivia, gobernador de Chile, convertido en vaso para la chicha, era el más preciado trofeo que en sus fiestas mostraban los araucanos.
El infortunado conquistador había sido herido en batalla y luego apresado. Primero le echaron tierra mezclada con polvo de oro en la boca y lo baquetearon como a un arcabuz, para que se hartara de aquello que con tanta inmisericordia buscaban los llegados desde allende los mares. Luego se lo fueron comiendo de a bocados, minuciosamente, manteniéndolo vivo durante tres días. No es de extrañar que Rodrigo Quiroga, gobernador de Chile tiempo después de Valdivia, al caer enfermo durante una de sus campañas contra los araucanos, rogaba “que en algún arroyo de los que por allí había le hiciese enterrar, apartando el agua, y volviéndola a echar después por encima del cuerpo, porque los indios no le pudiesen hallar, ni le llevasen”. Su postrer precaución es explicada por Aguado de los Musos: “(...) porque esta malvada ente es tan caníbal, o a lo menos lo era en este tiempo, que por comer de un español cavaban todo un campo donde presumieran estaba enterrado, sólo por haberles dado a la imaginación que comiendo ellos carne de españoles habían de ser valientes y animosos guerreros”. Ante la desaparición del jefe español, sus lugartenientes francisco de Aguirre y Francisco de Villagra se disputaron la jefatura del gobierno de Chile, pero, finalmente, la audiencia de Lima reconoció a Francisco de Villagra. Los araucanos dividieron sus fuerzas en dos contingentes: uno al mando de Caupolicán operaba en el sur y el otro, a cuyo frente se hallaba Lautaro, tenía la intención de atacar Santiago. Villagra venció a este ultimo en las cercanías del río Mataquito (1557); Lautaro murió en la lucha.
En tanto proseguía la guerra araucana, fue nombrado nuevo gobernador de Chile, García Hurtado de Mendoza, hijo del virrey del Perú. El nuevo funcionario se dirigió hacia el sur: repobló Concepción y fundo la ciudad de Cañete y en 1558 llego frente al archipiélago de Chiloé con la intención de dar una investida final a las victoriosas fuerzas de Caupolicän. El jefe araucano intento destruir la nueva población de Cañete, pero cayo prisionero victima de una emboscada. Posteriormente, fue ejecutado en medio de torturas similares a las impuestas a Valdivia. La muerte de Caupolicán desalentó la resistencia araucana; los indígenas sin ser totalmente derrotados se refugiaron en el sur. Alonso de Ercilla, uno de los oficiales del nuevo gobernador, canto en su famoso poema, La Araucana las alternativas de las conquistas de Chile, no ahorrando elogios a la bravura de los araucanos. Hurtado de Mendoza consolido la dominación española en Chile y por su orden fue colonizada la región de cuyo que culminaría con la fundación de las ciudades de Mendoza, San Juan y San Luís.

Monday, April 13, 2009

Al igual que la travesía atlántica de Colon, la de Magallanes por el Pacifico fue el resultado de la suerte y cálculos erróneos: suerte, porque el invierno de San Julián demoro su llegada al Pacifico hasta el verano meridional, garantizando que cruzaría el ecuador cuando los vientos del noreste fueran mas plenos; cálculos erróneos, porque parece haber creído que las Islas de las Especias (Molucas) hacia las cuales se dirigía, se ubicaban no mas allá de 80 días de navegación, a través de un mar que ofrecía recaladas intermedias. Si hubiera sabido que enfrentaría 99 días de navegación sin sosiego, apenas habría aceptado el riesgo por la hambruna y la falta de agua.
El derrotero elegido por Magallanes casi lo lleva al desastre.
Después de doblar el cabo de Hornos, siguió una dirección en diagonal a través de las calmas ecuatoriales y, en un océano plagado de archipiélagos, no divisó tierra desde el día en que entró en el Pacífico el 28 de noviembre de 1520 hasta que avistó Guam el 6 de marzo de 1521. Durante los primeros 20 días mantuvo rumbo norte, quizás para dejar atrás los mares fríos lo más pronto posible. Luego alteró su curso en forma gradual hacia el oeste, llegando al ecuador el 13 de febrero de 1521. Avistó pequeñas islas el 24 de enero y de nuevo el 4 de febrero, pero no pudo desembarcar. En el ecuador tomó la sorprendente decisión de continuar hacia el noroeste, en vez de hacerlo directamente hacia el oeste, rumbo a la supuesta ubicación de las Islas de las Especias. Este hecho ha alimentado la conjetura de que su principal destino era la mítica isla de Cipango. En todo caso, hacia la fecha en que avistaron Guam, los exploradores ya bebían agua pútrida y comían galletas agusanadas, ‘que apestaban a orina de ratas’. Confrontados por los ‘ladrones’ en la isla, Magallanes impuso el tono de la conducta europea en el Pacífico quemando sus aldeas antes de partir, ya reabastecidos, el 9 de marzo. Una observación hecha por uno de sus compañeros de viaje sugiere que esperaba que su próxima recalada fuera en la costa de China. Transcurridos siete días avisto Samar en las Filipinas: había encontrado por azar las islas que formarían el punto central de la navegación española en el Pacifico durante los siguientes 100 años. Si bien la muerte de Magallanes a finales de abril en una imprudente intervención en conflictos locales perjudico el prestigio español, la única nave sobreviviente de la flota original de cinco barcos que había zarpado tres años antes pudo volver a casa, a España, por el cabo de Buena Esperanza. Se considero que este hecho y su valioso cargamento de especias justificaron el viaje. Magallanes había expuesto la vastedad del Pacifico e identificado inestimables puntos de recalada en la búsqueda de una ruta viable este-oeste por el Pacifico con destino a Asia. Los exploradores que siguieron a Magallanes desde el cabo de Hornos, como Loaisa en 1526 y Schouten y La Maire en 1616, solo realizaron escasos progresos con respecto al conocimiento del océano. El trazado de las rutas utilizables para la exploración y explotación del Pacifico fue mas que nada producto de los viajes desde Nueva España, el primero de los cuales, el de Álvaro de Saavedra en 1527-1528, fue decisivo. Saavedra descubrió la mejor ruta periférica y reforzó a Loaisa en las Filipinas en un momento en los portugueses amenazaban con eliminar a los españoles. Se puede decir que Magallanes y sus sucesores descubrieron una de las principales rutas de acceso directo desde el Atlántico con los alisios del sudeste; Saavedra y sus sucesores establecieron otra desde Nueva España directamente a través del Pacifico norte. La ultima ruta viable en dirección este-oeste, a través del Pacifico sur desde Perú, demoro mas en ser explorada. La navegación del Pacifico por la ruta de Magallanes vía Guam fue dirigida desde Nueva España hacia metas comerciales confiables: las especias de las Molucas, las sedas de la China, los lingotes de plata de Japón. Solo con el crecimiento de las colonias españolas en Perú nació el incentivo para intentar descubrir tierras desconocidas en el Pacifico sur, en donde los colonizadores pudieran esperar recompensas tan opulentas como las disfrutadas por sus contrapartes mas al norte. Tres tradiciones diferentes estimularon tales tentativas: la leyenda Inca de ricas islas en el interior del Mar Occidental; el mito de un gran continente desconocido en el sur, Terra Australis, y los rumores desde Chile relativos a que la verdadera ubicación de las legendarias Amazonas y de las minas del rey Salomón estaba en la misma dirección.

Sunday, April 12, 2009

El pacifico, aunque aterradoramente vasto sobre los mapas y, por un largo tiempo, casi infranqueable a la navegación, esta surcado por rutas de navegación marcadas por vientos y corrientes. Los extremos del océano, al sur de los 25º S y entre los 30º y 55º N, si bien tormentosos y peligrosos, están dominados por vientos ponientes bastante confiables. En ambos limites de la extensa zona de calmas al norte del ecuador, los alisios y las corrientes ecuatoriales del norte y el sur proporcionan dos rutas centrales de acceso desde el este al oeste. Los vientos alisios del noreste, que soplan entre los 15º y 25º N aproximadamente, se cuentan entre los vientos más seguros del mundo; los alisios del sudeste, que soplan sobre un corredor mas extenso desde el ecuador hasta los casi 20º S, son apenas un poco menos confiables. Sobre los márgenes occidentales del océano las condiciones climáticas son monzónicas con vientos norte en invierno y vientos sur en verano. A lo largo de la costa oriental la navegación esta regulada por la corriente de Humboldt (o el Perú) que lleva a las naves hacia el norte desde la escarpada costa sudoccidental de Chile hasta casi el ecuador, y por la corriente de California que fluye hacia el sur a través del área donde nacen los alisios del noreste, uniendo la costa americana desde el sur de Oregon hasta México meridional. Este extenso pero en esencia sencillo sistema no fue explotado al máximo sino hasta el arribó de los exploradores europeos entre los siglos XVI y XVIII. Mucho antes que esto, navegantes indígenas habían realizado extensos viajes a través del Pacifico, pero sin los medios ni el incentivo de encontrar las rutas que unían al océano de costa a costa y al resto del mundo. Sus logros fueron limitados a un cuando cubrieron a veces distancias significativas. En el extremo norte, por ejemplo, se han postulado travesías no registradas desde China a América que datan, por lo menos, del año 1200aC. En el Pacifico central y meridional el doblamiento de islas remotas demando hazañas náuticas extraordinarias; la colonización de las Islas del Hawai, probablemente desconocidas para los europeos hasta el siglo XVIII, fue una proeza espectacular lograda por navegantes polinesios hacia el año 400dC. Las etapas decisivas en la revelación de la naturaleza del Pacifico –el descubrimiento de las rutas este-oeste por el Pacifico central y la ruta de regreso mediante los vientos del oeste en el norte- fueron consumadas por pequeños grupos de españoles y portugueses en los siglos XVI y XVII. Los viajes cruciales fueron los de Magallanes (1520-1521); Saavedra (1527); Urdaneta (1565), y Mendaña (1567).

Sunday, November 9, 2008

Para levantar las primeras viviendas, se aprovecharon las maderas de los árboles cercanos. Aquellas, en realidad, no eran tan necesarias como los alimentos, pues el calor reinante invitaba al descanso al aire libre. Al principio, los indios se acercaron a la población, que comprendía algo mas de 1000mts cuadrados, trayendo víveres en señal de amistad, pero bien pronto dejaron de hacerlo debido a los malos tratos con que eran recibidos constantemente y comenzaron a demostrar una actitud hostil hacia el invasor.
Para obtener provisiones, que escaseaban en forma alarmante, el Adelantado envió al capitán Gonzalo de Mendoza, con el galeón Santa Catalina, a las costas del Brasil. No habían transcurrido varios días, cuando comisiono con el mismo objeto a algunas embarcaciones para que recorriesen las islas del Paraná, las que regresaron al poco tiempo sin datos alentadores.
Convencido don Pedro de Mendoza de lo inútil que era buscar provisiones en las cercanías de Buenos Aires, ordeno a su lugarteniente Juan de Ayolas, que se dirigiese hacia el norte con ese objeto. A fines de mayo, este se hizo a la vela con tres embarcaciones y 270 hombres, y el 15 de junio de 1536 en las cercanías de la laguna de Coronda fundo el asiento de Corpus Christi.
En Buenos Aires, la falta de alimentos se hacia cada día mas notoria, por lo cual el Adelantado designo a su hermano Diego de Mendoza para que, acompañado por trescientos soldados y treinta jinetes, tratara de hallarlos a la brevedad. Cuando los españoles se encontraban en las proximidades del actual Tigre, fueron atacados sorpresivamente por los indios; el combate llamado luego de Corpus Christi (15 de junio) termino con una completa derrota para los conquistadores; perdieron la vida Diego de Mendoza y treinta y ocho compañeros, entre ellos Pedro Lujan, que falleció junto al río que hoy lleva su nombre.
Los aborígenes estimulados por este triunfo, atacaron por millares a Buenos Aires y el 24 de junio iniciaron un sitio que se prolongo alrededor de 15 días. El soldado alemán Ulrico Schmidl, que formaba parte de la expedición de Mendoza, relata en esta forma el ataque al caserío: “Algunos de los indios llevaban el asalto y los otros tiraban sobre las casas con flechas encendidas para que nosotros no pudiéramos tener tanto tiempo que hubiéramos podido salvar nuestras casas. Las flechas que ellos tiraban son hechas de caña y las encienden adelante en la punta. También tienen otro palo del cual hacen también flechas: este palo si se le enciende, arde también y no se apaga”. Gran parte de las casas y algunas naves fueron presa de las llamas, por lo que los conquistadores se refugiaron en las restantes embarcaciones, hasta que los indios levantaron el sitio.
A mediados de julio regreso Ayolas con provisiones, haciendo buenas referencias del lugar donde había levantado el asiento de Corpus Christi. Con el objeto de observar personalmente la zona, Mendoza decide acompañarlo, dejando en Buenos Aires a Ruiz Galán. Una vez llegados, como el Adelantado no estaba conforme con el lugar, funda en sus cercanías una nueva población, que llamo Buena Esperanza. En esta región, los conquistadores reciben noticias sobre la existencia de oro en comarcas situadas al norte, bastante lejanas, pero no imposibles de alcanzar. El tiempo los iba a convencer de la triste realidad; el Río de la Plata, a pesar de su nombre, no tenía riquezas y los indígenas se referían simplemente al Perú, región que no sabían ubicar sino vagamente, cuando afirmaban que podían hallarse metales preciosos “en tierra adentro”.
Aumentaban la incertidumbre los precarios conocimientos geográficos y las deformaciones que sufrían los datos al pasar de boca en boca. Para no demorar por más tiempo la búsqueda de la “tierra rica”, el Adelantado envió hacia el norte a Juan de Ayolas y a Domingo Martínez de Irala, con 3 embarcaciones y 170 tripulantes, los cuales partieron de Buena Esperanza el 14 de octubre. En tanto Mendoza, debido al precario estado de su salud, decide regresar a Buenos Aires. Ayolas remonto el Paraná y penetro en el río Paraguay, en uno de cuyos parajes, llamado la Angostura, fue atacado por los indios agaces. Luego de rechazarlos continúo navegando y el dos de febrero de 1537 encontró un lugar que ofrecía abrigo para sus embarcaciones.
Luego de fondear, erigió el asiento que llamo Nuestra Señora de la Candelaria. Allí se entero por medio de un chané del trágico fin de Alejo García y de las riquezas que había encontrado.
Era indudable que se hallaba cerca de la codiciada zona y así lo entendió Ayolas, quien decidió penetrar en esas regiones. Para no dejar abandonada la reciente fundación, dividió sus efectivos en dos grupos, 130 hombres debían acompañarlo y 33 quedarían al mando de Irala. Antes de partir, entrego dos pliegos a este ultimo, uno con facultades para reemplazarlo en el mando, y otro, ordenando lo que debía hacer en su ausencia. Ayolas llego hasta los contrafuertes andinos, y obtuvo de los indios planchas de metales preciosos. Emprendió el regreso y al llegar a la Candelaria no encontró a Irala, no obstante lo ordenado en las instrucciones. A causa de esto quedo a merced de los indios payaguaes, quienes lo sorprendieron en una emboscada y lo ultimaron con todos sus compañeros. La muerte de Ayolas dio un nuevo rumbo a la conquista, pues permitió que surgiera Domingo Martínez de Irala. Algunos historiadores acusan a este de la muerte de Ayolas, y afirman que abandono la Candelaria sabiendo que los aborígenes se hallaban en armas .sin embargo,, el análisis minucioso de la documentación prueba que las naves de Irala hacían agua y los tripulantes tuvieron que recurrir a sus camisas para taponar los agujeros del casco.
Debido a esto, le fue imprescindible buscar la cooperación de indios amigos para reparar las averías y obtener alimentos; con este objeto abandono la Candelaria, en momentos en que Ayolas regresaba. Como hemos visto, el Adelantado se dirigió hacia Buenos Aires; una vez llegado y faltándole noticias de Ayolas, envió a Juan de Salazar con dos naves en una expedición de auxilio, la que partió el 15 de enero de 1537. el galeón Santa Catalina había arribado a Buenos Aires y, además de víveres, traía del Brasil a cierto numero de pobladores, resto de las expediciones de Gaboto y Solis, que abandonaban esas regiones para radicarse en estas costas. Con el transcurso del tiempo, la enfermedad que padecía el Adelantado empeoraba paulatinamente, por cuya causa decidió regresar a España, dado que los pocos remedios que poseía su medico, Hernando de Zamora, no mitigaban los dolores físicos que lo aquejaba.
Antes de partir, dejo como teniente de gobernador a Juan de Ayolas, pero mientras durase la ausencia de este, seria reemplazado por Ruiz Galán. El Adelantado don Pedro de Mendoza falleció el 23 de junio de 1537 en alta mar, al suroeste de las islas de Cabo Verde y sus restos fueron arrojados al océano.

Friday, November 7, 2008

Los datos aportados en España por Gaboto y Diego Garcia, sobre los legendarios dominios del rey Blanco y la riqueza de la Sierra de la Plata, causaron gran entusiasmo entre la corte y el pueblo.
En enero de 1534, Hernando Pizarro exhibió el tesoro del Inca Atahualpa, lo que acentuó, aun mas, el deseo de poblar las comarcas del Plata, pues se suponía que ellas llevaban a esas regiones prodigas en metales preciosos y tan ambicionadas por los portugueses.

Era necesario encontrar un personaje adinerado para que solventase los gastos de la empresa. En 1530, Carlos V había iniciado negociaciones, primero con el comendador Miguel de Herrera y luego con Pedro Fernández de Lugo, adelantado de las islas canarias, pero ninguno de los dos candidatos satisfizo los codiciosos requerimientos del monarca.
Por ultimo se presento el Gentilhombre don Pedro de Mendoza, quien descendía de noble familia y había dado muestras de su audacia y ambición en numerosas campañas por Europa.
El 21 de mayo de 1534, Carlos V firmo en Toledo la capitulación por la cual se autorizaba a Mendoza para llevar a cabo la conquista “y poblar las tierras y provincias que hay en el Rió de Solis, que llaman de la Plata”.

El territorio estaba comprendido entre los paralelos 25 y 36 de Este a Oeste, por ambos océanos; el monarca otorgo el titulo de Adelantado por dos vidas, autorizándolo para que construyera tres fortalezas “en las partes y lugares que mas convengan”.
El 24 de agosto de 1535, desde el puerto de San Lúcar se hicieron a la vela doce embarcaciones, numero que aumento en las islas Canarias pues se incorporaron tres mas, por inconveniente de ultima hora no pudo zarpar la nao Santiago, a cargo de Frias Marañon, pero cuya autoridad era inferior a la del alférez Alonso de Cabrera, designado lugarteniente del Adelantado. La nave partió el 11 de septiembre, con un importante cargamento que incluía “hasta ruedas de molino. Según consta, Cabrera perdió el juicio y altero el rumbo, arribando a Santo Domingo en 1536. Posteriormente regreso a España, y luego llego a Buenos Aires en noviembre de 1538, con el cargo de veedor.

A mediados de octubre, la flota de Mendoza zarpo en dirección a las islas de Cabo Verde, donde las naves se detuvieron pocos días, tiempo que emplearon en cargar las bodegas con mantenimientos. De allí enfilaron a las costas brasileñas, en dirección sudoeste, pero una tormenta disperso las naves, que trataban de navegar en convoy.
A los pocos días de la partida de Mendoza ordeno al escribano Martín Perez de Haro, que levantara proceso contra el maestre de campo Juan de Osorio, a quien el alguacil mayor, Juan de Ayolas, acuso de amotinar la tripulación en contra del Adelantado; el escrito tiene fecha 25 de octubre y fue, a todas luces, una injusticia.

El 30 de noviembre, cuatro naves fondearon en la bahía de Rió de Janeiro, mientras las restantes continuaban rumbo al Plata, a las órdenes de Diego de Mendoza, hermano del Adelantado. El 3 de diciembre, en la playa de la bahía. Por orden de Mendoza, y en su presencia, Osorio fue ajusticiado.

A mediados de ese mes, las cuatro embarcaciones restantes abandonan esos lugares y se dirigen hacia el sur, navegando cerca de la costa brasileña; al llegar al estuario del Plata, remontan sus aguas hasta las cercanías de la isla de San Gabriel, donde se encuentran con los demás integrantes de la flota, que los aguardaban en esos parajes.

La cantidad exacta de hombres y naves que llegaron a estas tierras preocupo durante muchos años a los investigadores. El problema comienza con la partida de San Lucar, donde se consignan los mas variados datos, los números que mas se acercan a la conjetura general de los historiadores es de 14 naves, sin contar la nave Santiago que desvió su rumbo y otra que se hundió en las costas brasileñas. Y los hombres se calculan unos 1.500 aproximadamente.

Don Diego de Mendoza, que había arribado con anterioridad, transmitió a su hermano los informes recogidos en sus exploraciones por esas aguas, y de común acuerdo, abandonan la costa oriental y se dirigen a la margen opuesta, que reunía mejores condiciones para edificar un poblado; el desembarco se produjo en los primeros días de febrero de 1536.
El día 3, don Pedro de Mendoza funda Nuestra Señora del Buen Aire media legua al norte del Riachuelo.
El acta de fundación de la “ciudad” de Buenos Aires documento importantísimo no ha sido hallado, basándose en esta falta de constancia, algunos investigadores opinan que no hubo tal ceremonia y que el Adelantado estableció un simple campamento provisorio.

La divergencia de opiniones es bien antigua, pues en el mes de septiembre de 1801 las paginas del Telégrafo Mercantil comenzaron a insinuar que Mendoza no fundo una ciudad; basaban su tesis en trabajos del sacerdote cordobés Francisco Javier Barzola, quien había revisado la documentación referente a este episodio de la conquista. Fue rebatido en 1802, por Joaquín Araujo y Vicente Cañete.

El historiados Gandia sostiene que Mendoza fundo una ciudad, pues si bien Buenos Aires figuraba en los documentos con el nombre de pueblo o puerto, esos términos equivalían, en aquella epoca, a ciudad. El mismo investigador afirma que Mendoza no prosiguió rumbo al norte, como debía hacerlo para impedr el avance de los portugueses, porque quiso esperar a la nao Santiago, que traía mantenimientos. Como sabemos esta embarcación desvió su rumbo por influencia de Alonso de Cabrera y nunca la vio llegar Mendoza.

Wednesday, October 29, 2008

Durante el siglo XVIII, los dispersos centros de población en la América española debieron organizar sus propias defensas para rechazar los ataques de los indios y contener las pretensiones extranjeras. Los primeros, ante la escasez de ganado cimarrón, saqueaban las poblaciones a fin de procurarse subsistencia. La frecuencia de estos ataques obligo a establecer leneas de fortines integradas con tropas veteranas y también milicianos.
La estratégica zona del Río de la Plata despertó el interés de algunas naciones extranjeras; Portugal, deseoso de ampliar su área de dominación e intensificar el contrabando, erigió en la margen oriental la Colonia del Sacramento, lo que dio origen a un largo pleito y a una serie casi ininterrumpida de hechos militares.

Estos factores conspiraban contra la seguridad del territorio, que carecía de fuerzas metropolitanas regulares y cuya organización militar se hallaba regido por las antiguas disposiciones, contenidas en la real ordenanza de Felipe II, dada en 1570. el advenimiento de los Borbones al trono de España trajo consigo una serie de reformas, entre ellas, la creación de las Secretarias de Guerra y Marina, con sus respectivos consejos, los que tenían a su cargo la defensa de los territorios metropolitano y americano.

En América hispana, el supremo mando militar estuvo siempre a cargo de la mas alta autoridad política, así en una primera época fueron los adelantados y gobernadores dentro de los limites de sus jurisdicciones, luego los virreyes que también ejercían el cargo de capitanes generales.
Aplicada la Real Ordenanza de Intendentes (año 1782), los nuevos funcionarios tenían atribuciones militares, pero estaban subordinados al virrey. Otros cargos jerárquicos fueron el Sargento mayor de milicias, cuya función era organizar y adiestrar los cuerpos militares bajo su mando. Por Real Cedula del año 1783 se creo en el Río de la Plata el cargo de Inspector general que ejercía el mando de todas las fuerzas, aunque dependientes del virrey. Su primer titular fue Antonio de Olaguer Fellú.
A cargo de las milicias de una población estaba el comandante militar, mientras que el comandante general de frontera mandaba el cuerpo de blandengues; por su parte el Mayordomo de artillería y bastimentos era el jefe de los arsenales y depósitos militares.

A comienzos del siglo XVIII existían en el Río de la Plata cuerpos de veteranos integrados por españoles incorporados voluntariamente en la península. Muy raleados en sus filas, comprendían: a) regimiento de dragones; b) blandengues de la frontera; c) regimiento de infantería; d) cuerpo de artillería y e) cuerpo de ingenieros. Entre ellos se destacaron los blandengues por su eficaz acción en la lucha contra los indios.
La necesidad de garantizar la defensa de las posesiones en América motivó que en tiempo de los Borbones se dispusiera reorganizar las fuerzas militares. Esta tarea se efectuó en base al “Reglamento para las milicias de infantería y caballería de la isla de Cuba”, promulgado en enero de 1769.

Creaba el servicio obligatorio de milicias para todo hombre apto desde los 15 a los 45 años, “los que debían aprestarse para la defensa de la religión, la hacienda y la vida de la población”. Debían hacer instrucción una vez por semana “los domingos antes o después de misa”; la infantería, además, un ejercicio de fuego cada dos meses a diez cartuchos (60 en el año), las milicias de caballería podían gastar 8 balas al año por soldado y los escuadrones debían hacer evoluciones una vez al mes.
En el Río de la Plata, Cevallos aprovecho la ayuda de los veteranos y logro organizar las siguientes fuerzas militares: un batallón de voluntarios españoles, un regimiento provincial de caballería y los cuerpos de castas, de negros libres, indios guaraníes, pardos e indios ladinos.
La amenaza cada vez mas creciente de un conflicto con Inglaterra y Portugal obligo a la junta de guerra, reunida en Montevideo en 1797, a establecer una serie de medidas de defensa, en la que se contemplaban las posibilidades de la lucha, la mejor utilización de las fuerzas, y se completaban y perfeccionaban las fortificaciones.

La disposición mas importante para la organización militar en el Río de la Plata fue el “Reglamento para las milicias disciplinadas de infantería y caballería del Virreinato del Río de la Plata”, promulgado en 1801. era muy similar al de 1769, pero adaptado a las nuevas necesidades del virreinato, para lo cual fijaba una dotación defensiva de 14.100 hombres.

 

blogger templates | Make Money Online