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Saturday, April 18, 2009

El Señor de la Vida. Su nombre proviene de la palabra quetzal, nombre de un extraño pájaro que tenía una larga cola de plumas, y de cóatl, palabra con la que se designaba a la serpiente. En tiempos antiguos, bajo diferentes denominaciones, reinó sobre una vasta región de América, desde los desiertos de Arizona hasta las cumbres de los Andes. Era especialmente bien recibido en los territorios desérticos, porque su presencia siempre anunciaba lluvia. En sus distintas manifestaciones aparecía como dios del cielo y del sol, como dios de los vientos, de la estrella de la mañana, y también como el benefactor de la humanidad. Quetzalcóatl se aparecía a sus adoradores bajo muchas formas. A veces, sus fieles le veían como un joven atractivo, con piel del color del trigo, magníficamente ataviado con una capa de plumas de quetzal. Otras muchas veces, se le veía cruzando el cielo como la Serpiente Emplumada, y en estos casos era una visión impresionante, con las brillantes escamas multicolores del cuerpo fundiéndose o contrastando con las llamativas plumas del cuello y la cabeza. Como Señor de la Vida, procuró la prosperidad de su pueblo, asegurándoles buenas lluvias y fertilidad continua. Era también Dios del Viento, creador de todas las formas de vida y padre amantísimo de todo el Cosmos. Después de haber resuelto las necesidades físicas de sus hijos mortales, les enseñó los caminos de la civilización. Enseñó a los artistas y artesanos a crear objetos útiles y bellos, les dio canciones, danzas, y poesía, guió a sus gobernantes para que fuesen justos y misericordiosos. Después de muchos siglos, reveló a su pueblo los tesoros ocultos bajo el suelo. Los hombres abrieron las grandes vetas de oro y plata que corren como ríos bajo la tierra, y encontraron el brillante metal incrustado en la roca. Gracias al fuego, otro regalo de Quetzalcóatl, pudieron convertir el oro y la plata en toda clase de objetos y ornamentos. Bajo a su benigno reinado, los humanos disfrutaron de felicidad y abundancia. Para demostrar su gratitud, construyeron espléndidos templos, donde miles de sacerdotes cantaban y bailaban en honor de Quetzalcóatl. Pero esta Edad de Oro estaba amenazada. Tezcatlipoca, dios de la Guerra, del Sol y de Luna, estaba celoso del amor que sentía la gente por Quetzalcóatl. Tezcatlipoca era el dios de la discordia y de la hechicería, de la prosperidad y de la destrucción, además de un gran tramposo, que exigía a los hombres sacrificios humanos y muertes para sustentarse. Era un personaje de tremendo poder y horrible aspecto, semejante a un hombre con cara de oso a rayas negras y amarillas. Sus templos se alzaban junto a los de Quetzalcóatl, y sus sacerdotes arrancaban el corazón de jóvenes y vírgenes con el fin de satisfacerle, pero ni siquiera estos sacrificios aplacaron su envidia por Quetzalcóatl. Tezcatlipoca se dedicó a atormentar a dioses y mortales. Sedujo a las sobrinas de Quetzalcóatl, para que la gente perdiera el respeto a las mujeres y a la ley. Volvió a unos hombres contra otros, enfrentándolos en terribles guerras, les enseñó a codiciar el oro y la plata en vez de limitarse a admirar su belleza. Con una serie de trucos mágicos, mató a miles de personas en catástrofes naturales. Quetzalcóatl, no viendo esperanzas en el futuro, decidió abandonar a su pueblo por algún tiempo. Destruyó sus grandes palacios, enterró sus tesoros y transformó a sus sirvientes en pájaros. Tras prometer a sus devotos que volvería, se alejó hacia el sol naciente, son sus servidores volando en bandada a su alrededor. La gente lloró su partida y esperó ansiosamente su regreso. Cuando los conquistadores españoles aparecieron por el mar oriental, los indios creyeron que Quetzalcóatl había regresado y lo recibieron con gran alegría. El emperador les entregó una capa de plumas de quetzal, pensando que el dios querría volver a vestir su atuendo de poder. Pero Tezcatlipoca les había jugado otra mala pasada. Los españoles resultaron ser ambiciosos conquistadores, que destruyeron el gran imperio fundado por Quetzalcóatl.

Thursday, April 2, 2009

Según la leyenda transmitida por los poetas y analistas, el fundador de Roma, sobre la colina del Palatino, fue Rómulo, hijo del dios Marte y de una princesa de Alba Longa que se llamaba Rea Silvia. Siempre de acuerdo con esta historia, para poblar la ciudad, su fundador recluto colonos venidos de la región vecina del Lacio y para dotarla de mujeres se apoderó de las de una tribu cercana, las Sabinas, dando así origen a una guerra de represalia que termino con la fusión de ambos pueblos en uno solo, el de los Quirites. Esta nueva población parece haber estado constituida por tres tribus: los Titos (o Sabinos), Ramnes (o Romanos) y los Luceres, divididas después en treinta “curias” o comunidades que habrían formado la estructura política de base. Sobre todos ellos habría reinado un poderoso monarca, que, en memoria de la fusión, habría sido alternadamente latino y sabino. El relato de la leyenda prosigue afirmando que este cambio de poder funciono en lo que respecta a los tres primeros sucesores de Rómulo: el sabino Numa Pompilio, el latino Tulio Hostilio y el sabino Anco Marcio. En cambio, los tres reyes siguientes fueron etruscos, pertenecientes a un pueblo cuyas ciudades principales se alzaban al norte de Roma, pero que se expandía ahora hacia el sur, en Campania, y tenia, por consiguiente, mucha influencia en la urbe. Sin embargo, la ciudad prospero, tanto bajo los sabinos y latinos como bajo los etruscos. Adquirió una hegemonía estable en el territorio circundante, reforzó y articulo sus instituciones, acrecento su población, se doto de prestigiosas realizaciones en el campo arquitectónico y urbanístico. Todos los reyes contribuyeron a ello: Numa Pompilio, sucesor de Rómulo, organizo la vida religiosa, cuyas normas le fueron dictadas por la ninfa Egeria; Tulio Hostilio sometió a la ciudad de Alba Longa, de donde según se decía era oriundo el fundador de Roma y la rival mas peligrosa de esta; Anco Marcio llevo adelante la expansión, fundo el puerto de Ostia en la desembocadura del Tíber, construyo sobre este río el primer puente (Suplicio), el primer acueducto (Aqua Marcia o acueducto Marcio) e incluso la primera cárcel. Con referencia al primer rey etrusco (quinto de Roma, que se llamo Tarquino Prisco), dice el historiador Tito Livio que fue el primero en intrigar para hacer que lo eligieran rey, apoyándose en la plebe. Es posible que así fuera. En todo caso, fue el primero de quien emanaron disposiciones concretas en ayuda de las clases mas humildes y en emprender un programa urbanístico formal en la ciudad: un circo, pórticos en la plaza del mercado (el Foro), templos… A él se debe también la introducción en Roma de los símbolos del poder que llegaron, posteriormente, a ser tradicionales: el cetro, el traje púrpura, los doce “lictores” que constituían la guardia de corps y la escolta de las autoridades. Fue sin duda un rey revolucionario. Sus innovaciones parecen de poca monta frente a las del sexto monarca, Servio Tulio: la ampliación de la ciudad, incluyendo las siete colinas tradicionales, la circunvalación de murallas con que la protegió (que desde entonces se llamaron “murallas servianas”), y sobre todo una importantísima reforma constitucional, estructura destinada a perdurar y que sustituyo a las tres tribus de Rómulo, basadas en vínculos de sangre, por una base territorial mediante la cual dividió a estas tribus en “centurias”, ordenadas siguiendo criterios de censo y riqueza y no exclusivamente de clan. Por lo que toca a la carrera del último rey, comenzó con un asesinato, el de su predecesor, y termino con un estupro, el de una dama de la nobleza, llamada Lucrecia, que fue el pretexto de la revolución. Este rey, llamado también Tarquino y que se distinguió de su antecesor, apodándolo “el soberbio”, fue el ultimo en ocupar el trono de Roma. En 510 fue derrocado por la fuerza: nacía la republica.
Aquí acaba el relato tradicional de los orígenes de Roma. Imposible decir cuanto hay de cierto en lo que nos transmite. Cuanto más, pueden extraerse algunos datos firme.
Es cierto que en los siglos IX y VIII antes de Cristo se formaron en el Palatino algunos centros pequeños, habitados por gente de lengua latina, y nada impide afirmar que ellas procedían, total o parcialmente de Alba Longa. Su principal actividad era sin duda el pastoreo, pues la región circundante se prestaba bien para desarrollarla. Muy pronto, la favorable posición del asentamiento, fuera de la vista del mar pero al cual las naves tenían fácil acceso, propicio su evolución: los pequeños pueblos que formaban el Palatino se fusionaron en un único poblado englobando a todas las colinas vecinas. Los reyes que gobernaron esas comunidades fueron a la vez conductores, administradores, jueces y sacerdotes. Elegidos por el pueblo, a partir del momento de su elección estaban en posesión del “imperium”, o sea, el poder de mando, y del “auspicium”, la posibilidad de interpretar el poder divino. En lo referente a los asuntos del culto, podían apoyarse en una orden de sacerdotes; para resolver los administrativos y políticos contaban con un senado de un centenar de miembros formado por los jefes de los diversos clanes (o gentes, como se les llamaba) que constituían el pueblo. Realmente no hacia falta mucho mas para gobernar la primitiva y pequeña ciudad estado. O , por lo menos, hasta que llagaron los etruscos, atraídos por la importancia que cobraba la ciudad.
A continuación de una conquista o como resultado de una penetración pacifica, el elemento etrusco se fue imponiendo y llego a instalar en el trono a un rey de su estirpe. Es posible que durante la soberanía etrusca se haya humillado al elemento latino y sabino de la ciudad, mientras que se implantaban en Roma las costumbres, las mercancías, las técnicas y los capitales etruscos, pero, en cambio, la ciudad adquirió la estructura y la infraestructura, materiales y políticas, que habría de permitirle desempeñar un papel de primer plano en la política italiana. Las reformas, atribuidas a Servio Tulio, son elocuentes: los vínculos de sangre cedieron paso a una estructura basada en el poder adquisitivo, e igualmente elocuente es el programa de obras publicas que se atribuye a los reyes etruscos.
El sentido general de los acontecimientos es claro: impulsada por una clase dirigente etrusca, Roma adquiría un desarrollo urbano muy superior al de las ciudades latinas y sabinas vecinas, del mismo orden. Esto incluso las llevaba a exigir la primacía política y militar sobre ellas.

Monday, October 20, 2008

En esta religión lo espiritual no ocupaba un lugar prominente. Los dioses no eran seres espirituales, sino criaturas fundidas en el molde humano, con la mayoría de las debilidades y pasiones de los seres mortales. Los fines de la religión tampoco eran más espirituales. No procuraba favores celestiales en la forma de consuelo, elevación del alma o unión con Dios. Si beneficiaba de algún modo a los seres humanos lo hacia en la forma de ventajas materiales, como cosechas abundantes y prosperidad en los negocios. Al mismo tiempo la religión tenia, al menos un contenido ético. Todas las deidades principales del panteón Sumerio eran ensalzadas en himnos como amantes de la verdad, la bondad y la justicia. De la diosa Nanshe, por ejemplo, se decía que “confortaba al huérfano, hacia desaparecer al viudo, creaba un sitio de destrucción para el poderoso”. Sin embargo, las mismas deidades que personificaban estos nobles ideales creaban males tales como la falsedad y la lucha y dotaban a todos los seres humanos de una naturaleza pecadora. Se decía: “Nunca hijo sin pecado le ha nacido a una madre”. Una idea imperante en la religión sumeria era la noción de que el hombre había sido creado para servir a los dioses, no simplemente adorándolos sino también dándoles alimento. Esta noción fue revelada en las famosas epopeyas de la Creación y el Diluvio, que suministraron la historia para los muy posteriores relatos hebreos del Antiguo Testamento, quienes toman estas historias sumerias y las hacen suyas. La epopeya de la Creación relataba el triunfo mágico del dios Marduk sobre los dioses envidiosos y cobardes que lo habían creado, la formación del mundo con el cuerpo de uno de sus rivales muertos y por fin, para que los dioses pudieran alimentarse, la creación del hombre con arcilla y sangre de dragón. La narración entera es ruda y repugnante y no había en ella nada que evocase un sentimiento espiritual o moral. Igualmente bárbara era la versión sumeria del Diluvio. Los dioses, celosos del hombre, decidieron destruir a todos los mortales haciendo que se ahogaran. Pero uno de ellos revelo el secreto a un habitante de la tierra, su favorito, y le aconsejo que construyera un arca en la que se salvarían él y los suyos. El diluvio duro siete días hasta que la tierra entera quedo cubierta de agua. Aun los dioses “se acurrucaban como un perro junto a una pared”. Por fin dejo de llover y las aguas bajaron. El hombre favorecido salio del arca y ofreció sacrificios en acción de gracias. Como recompensa se le dio “vida como un dios” y se le traslado al “lugar donde el sol se eleva”.

Wednesday, August 27, 2008

San Jorge nace aproximadamente en el año 280 en la ciudad de Lidia en Siria, o en Miteline de capadocia, aun no hay datos precisos sobre esto. Iniciado por sus padres en la religión cristiana, pues ellos la profesaban ya al emigrar de Palestina, y le dieron una educación en todo conforme con su posición social y fortuna, que debió ser considerable. El padre de Jorge, luego el gran Santo, era oficial al servicio del Imperio Romano. Cuando llega a la mayoría de edad, San Jorge abraso la carrera de las armas, siguiendo el ejemplo de su padre. Se alisto en él ejercito romano y pronto se gano el aprecio de sus jefes por su leal proceder, clara inteligencia y ferocidad en combate, que le valieron a no tardar en ser promovido al grado de tribuno de la guardia imperial de Diocleciano .

Un manuscrito del siglo XIII y la leyenda de oro del beato Santiago de Vorágine atribuyen al joven oficial una hazaña prodigiosa y caballeresca, que es como sigue: Al ir Jorge a incorporarse a su legión llego a la ciudad de Selene en Libia; en un pantano de las cercanías tenia su guarida un dragón que hasta entonces nadie había podido matar. Para que no devastara la ciudad le llevaban dos ovejas cada día pero como empezaron a escasear estos animales, el rey mando que echasen una oveja y una doncella, esta era escogida a la suerte. Aconteció un día que la doncella que cayo en suerte fue la hija del mismo rey, y a pesar del dolor desventurado de su padre la joven hubo de sufrir la suerte de las compañeras.

Encaminándose llorosamente hacia la cueva del dragón, cuando inopinadamente apareció un legionario Romano armado con el gladius y el pilum, conociendo la suerte que correría la infeliz princesa, hace la señal de la cruz y arremete valeroso contra el monstruo enfurecido. Tan tremenda lanzada le arremete que lo atravesó de lado a lado, y con el ceñidor de la joven hace un lazo, amarra al dragón y lo conduce hasta la ciudad. Una vez allí explica al rey y al pueblo porque a podido abatir al monstruo. Y dijo que fue porque imploro el auxilio del único Dios verdadero. En presencia de todo el auditorio, que prometió creer en Jesucristo y bautizarse, Jorge le dio a la fiera el golpe de gracia. Este relato nos consta en las antiguas biografías del mártir. Este relato se populariza en la época de las cruzadas, convirtiéndose en un símbolo para todos los caballeros que combaten al infiel en Tierra Santa. El tribuno romano es en efecto, la personificación ideal del caballero cristiano, que combate contra Satanás y los infieles en defensa de la fe, protegiendo en todo momento la debilidad que peligra. Pocas veces logro una leyenda un éxito tan grande.

Para los artista de toda categoría fue ella, desde el siglo XIII hasta nuestros días, asunto predilecto que dio lugar a producciones artísticas tan numerosas como variadas, lo mismo en oriente como en occidente. La iconografía de la edad media y el renacimiento lo ha presentado (aunque no exclusivamente) en la forma de un apuesto jinete en un caballo blanco, enarbolando el estandarte de la santa cruz y embrazando una lanza con la cual acomete a un dragón que amenaza a una doncella. Viene a ser un traslado del modo como se apareció armado muchas veces peleando a favor de los fieles. (Aunque la realidad debió de ser muy diferente, ya que San Jorge, era oficial romano al servicio del imperio y sus atavíos eran los de todo legionario en el 300 d.C.)

En los comienzos de siglo IV, imperando Diocleciano, se adoptaron providencias para eliminar del ejército imperial de oriente a los numerosos elementos cristianos que en él servían. Muchos soldados tuvieron que renunciar a la profesión de las armas, aunque la persecución no paso adelante de momento. Mas cuando el cesar Galerio sé junto con Diocleciano en Nicomedia, puso mucho empeño en conseguir mayor violencia contra la religión cristiana, publicando sé en dicha ciudad un edicto que ordenaba la demolición de las iglesias y la expulsión de todos los cristianos de las dignidades y cargos administrativos. Los historiadores Eusebio y Lactancio afirmaron que dicho decreto fue destrozado públicamente por un joven; y algunos biógrafos se aventuraron en escribir que ese joven fue Jorge el tribuno. Poco después, y dos veces seguidas, el fuego prendió en el palacio imperial. Galerio acuso de ello a los cristianos y consiguió del emperador, a quien la noticia impresiono, licencia para tomar sangrientas represarías contra el clero y los cristianos de Nicomedia.
Rápidamente se extendió la persecución por todo el Asia Menor y aparecieron edictos generales de sacrificar Venis Nolis a los ídolos. Lleno de dolor e indignación en vista del proceder injusto y la persecución sangrienta que eran victimas los cristianos, Jorge resolvió públicamente tomar su defensa. Distribuidos sus bienes entre los pobres, y libres los pocos esclavos que a su servicio tenia, defendió con valentía la causa de los perseguidos ante el consejo de dignatarios y jefes militares convocado por Diocleciano, y afirmo públicamente que su religión era única y verdadera, y que no se podía rendir culto a los ídolos.

Al ser interrogado Jorge declaro que era cristiano, el emperador se sorprendió y ante semejante confesión le dijo: " piensa joven, lo que dices y mira por tu porvenir". Hablándole luego de los suplicios espantosos que su desobediencia a los edictos le acarrearía y por otra parte las dignidades y elevados cargos con que pensaba premiar su apostolado. A todo el tribuno contesto: " Ten entendido, OH Diocleciano, que el Dios a quien sirvo me dará la victoria, que no me han de ablandar tus ruegos ni me han de arredrar tus amenazas. Todos tus beneficios son vamos y tus promesas semejantes al humo que disipa el viento. No echo de menos los honores que me has concedido hasta el día, porque aspiro a la gloria eterna, permita el cielo que conozcas muy pronto al Dios omnipotente". Ante semejante respuesta Diocleciano enfurecido ordeno detención y encarcelamiento del oficial.

Aquí da principio la dolorosa pasión del mártir, los relatos de los hagiógrafos orientales describen por menudo los suplicios que en diferentes ocasiones padeció, tales como el tormento de la rueda guarnecida de cuchillos afilados, el de los garfios de hierro, la flagelación con nervios de buey, el baño en lechada de cal viva, etc. El valeroso soldado lo sufre todo con sobrehumano valor y ve luego como sus heridas quedan curadas milagrosamente. A juicio del magistrado, Jorge se vale de sortilegios para liberarse de las espantosas torturas que le infligen; por lo cual hace venir a un hábil mago que, para probar el incomprensible poder de Jorge, le da de beber un licor emponzoñado, el cristiano lo toma y no sufre menor daño, según promesa de cristo en su evangelio. Declara entonces frente a los idolatras que la omnipotencia puede obrar por mediación de sus hijos: puede tomar por ejemplo la vida de un cadáver. Al oír esto, el mago le pregunto si quiere revivir a un difunto que había sido enterrado cerca de la cárcel pocos días antes. Conducen a Jorge al lugar señalado, ora el santo y el muerto sale vivo del sepulcro, vencido el mago confiesa el poder del Dios de los cristianos, y abandona el culto de los ídolos. Furioso el emperador ante esta noticia, ordena que el mago sea decapitado y Jorge vuelva a la prisión.
De allí a poco, nuevamente comparece Jorge ante el tribunal de Diocleciano. El tribunal se alzo al aire libre junto al templo de Apolo, el emperador quiere sobornarlo con tiernas palabras, le pone por delante su juventud y le promete toda suerte de honores si consiente en sacrificar a los dioses. " Pero donde están esos dioses?" Pregunta el confesor, " vamos a verlos". Y Jorge con otro portentoso milagro obliga a declarar al demonio que mora en el ídolo, que solo hay un dios verdadero, luego hace la señal de la cruz y todas las estatuas caen al suelo echas pedazos, con lo cual se provoca un verdadero motín.
Sobresaltada por los tumultuosos clamores del populacho acudió la emperatriz y, acercándose a Diocleciano, le declaro que enterada de lo que había ocurrido ella también se declaraba cristiana. En el paroxismo del furor Diocleciano mando que la golpearan con varas y que acabaran con su vida, y con la de tres criados suyos a saber: Apolo Isacio y Crotates, cuyas fiestas se celebran el 21 de abril.

Y queriendo terminar con el joven oficial de su guardia que permanecía inquebrantablemente en su fe, Diocleciano decidió pronunciar la sentencia de muerte, Jorge fue atado a la cola de un caballo, arrastrado por toda la ciudad y seguidamente sacado extramuros y decapitado. Antes de morir, Jorge, con los ojos puestos en el cielo y sus manos levantadas y con su voz entrañable que le salía del corazón, rogó a Dios perdonase a sus verdugos, y le diese la gracia de la conversión. El martirio debió tener lugar en Nicomedia, a principios del año 303. En efecto en ese año se hallaba Diocleciano en aquélla ciudad. El cuerpo del santo seria trasladado mas tarde a Dios polis (Lida) en Palestina, conforme a su deseo

Thursday, August 14, 2008

Hanuman, el mas capaz de todos los jefes de los monos de la expedición a Ceilán, era hijo de Vayu y una vanar o madre mona. Su nacimiento se describe así:
“Una Apsaras la mas bella de las ninfas,
Por sus encantos celestiales renombrada,
En la dulce Punjikasthala se convirtió,
Una noble dama vanar
Su nombre celestial ya no escucho más
Anjana era el nombre que tomo,
Cuando maldecida por los dioses, cayó del cielo
Para habitar en la tierra en forma de una vanar. . . . . .
Su juvenil belleza, dulcemente hermosa, se veía realzada,
Por una diadema de flores alrededor de su cabello.
Llevando vestidos de seda del más precioso tinte
Ella vagaba por las colinas que besan el cielo.
Una vez, vestida con sus sedas graciosamente coloreadas,
Se paro en la cuesta de la montaña.
El dios del viento vino a su lado
Y soplo acariciando a la hermosa dama;
Y al ondear sus vestidos mecidos por el aire,
La maravillosa belleza que contemplo,
Los redondos contornos de su pecho y miembros,
De su cuello y hombros, le cautivaron.
Capturado por sus incomparables encantos
La tomo en sus amorosos brazos.
Entonces ella grito al ávido dios,
Con voz temblorosa y asustada:
¿Qué impío amor ha ofendido a una esposa
Tan constante en sus votos nupciales?
El la escucho y respondió de este modo:
Confía, muy pronto sabrás
Que mi amor te ha hecho algo muy dulce, y no daño alguno.
Muy fuerte, bravo y sabio será
El glorioso hijo que yo te daré.
Tendrá tal poder que nada le cansara,
Y miembros para elevarse en el cielo como se eleva su padre.
Así hablo el dios; la conquistada dama,
Alegrándose en su corazón, no sintió ya temor de la vergüenza. Por fin el niño nació. En su niñez, viendo salir el sol y creyendo que era la fruta de un árbol, se elevo 300 leguas para poder tomarlo. En otra ocasión, Indra le lanzo una flecha que le hizo caer violentamente sobre una roca. La caída le rompió la mejilla y de ahí el nombre de Hanuman “el de la mandíbula ancha”. Al enterarse de ello su padre se puso furioso y las brisas dejaron de soplar, hasta que los dioses, atemorizados, fueron a apaciguar a Vayu; Brama le prometió que este muchacho no moriría en la guerra e Indra declaro que en el futuro sus rayos nunca volverían a dañarle.
El jefe mono presto un valiosísimo servicio a Rama. El fue quien descubrió la morada de Sita y le llevo el mensaje de Rama. Fue el quien incendio Lanka e hizo que el miedo entrara en los corazones de las Rakshasas que vivían allí.
Fue el quien llevo a Rama en sus hombros mientras cruzaban de India a Lanka.
Hanuman habla así de su maravilloso poder: “Nacido de tan glorioso padre
puedo competir con el en esplendor y velocidad
Con un pequeño salto puedo rodear
mil veces el mas profundo precipicio de Maru.
Con mis feroces brazos puedo agitar el mar
hasta que las aguas huyan de sus cauces
y se lancen a una voz mía a ahogar
esta tierra con sus arboledas torres y ciudades
Puedo volar por los campos del aire
mas rápido que el mas veloz de los reyes
y correr delante de el mientras vuela
sobre ensordecedoras alas a través de los cielos
Puedo perseguir al señor de la luz
mientras sale por el este
y alcanzarle antes de que su carrera comience
engalanada con abrasadores destellos” Todos estos poderes los puso al servicio de Rama, pues cuando aquel héroe y su hermano fueron heridos en la lucha y nada les podía reanimar, Hanuman voló a los Himalayas desde Ceilán y volvió casi inmediatamente con las hiervas medicinales que allí crecian, aunque al llegar a las montañas tuvo alguna dificultad en encontrarlas, (buscando estas hierbas Hanuman estuvo expuesto a un considerable peligro. A Kalanemi, un tio de Ravana, se le había prometido la mitad del reino si mataba a Hanuman. Con esta intención se encamino hacia los Himalayas y, disfrazado de devoto, invito a Hanuman a comer con el, Hanuman se negó, pero entrando en un estanque cercano un cocodrilo le agarro del pie. Hanuman arrastro al reptil fuera del estanque y lo mato. De su cuerpo surgió una hermosa Apsaras a quien Daksha había maldecido a vivir en esa forma hasta que su libertad fuera consumada por Hanuman. Esta ninfa, en gratitud a su amabilidad, advirtió a Hanuman del peligro. El dios mono se encontró con Kalanemi y diciéndole que el veía a través de su disfraz le agarro por los pies y le lanzo por los aires hasta Lanka, donde cayo justo delante del trono en el palacio de Ravana), “pero cuando el quiso recoger las hierbas
estas se ocultaron de su ávida mirada
entonces, iracundo, en la montaña así hablo:
mi brazo tomara venganza en este día
si tu no sientes piedad alguna
en esta gran necesidad que tiene el hijo de Raghu
concluida su alocución, con sus poderosos brazos
desgarro de la temblorosa montaña
su gran cabeza con la vida que en ella había
serpientes, elefantes y mineral de oro
recorrió de nuevo veloz su camino
cruzando colinas, llanos y mares
y en medio de los atónitos Vanars deposito
su carga, traída a través del aire
las maravillosas hierbas del delicioso aroma
a todos los soldados infirieron nuevo vigor
libres de dardos, heridas y dolor
los hijos de Raghu vivieron de nuevo
los Vanars muertos y moribundos se curaron
y se levantaron vigorosos del campo de batalla. Hanuman es descrito en el Uttara Kanda del Ramayana como un ser que poseía un gran saber, “el jefe de los monos, insaciable, queriendo aprender astronomía, recorrió mirando al sol y resuelto a indagar, desde la montaña por donde sale el sol, hasta aquella por donde se pone, comprendiendo el maravilloso conjunto. El jefe de los monos es perfecto, nadie le iguala en conocimiento de los Sastras, en saber y en descifrar el sentido de las escrituras. En todas las reglas de austeridades compite con el preceptor de los dioses”. El mismo Rama habla asi del conocimiento que Hanuman tiene de las escrituras cuando vino a verle al exilio como enviado de Sugriva: “Aquel cuyas palabras tan dulcemente fluyen,
todas las obligaciones del Rig-Veda debe conocer,
y en su bien entrenada memoria se almacenan
los conocimientos del Yajush y del Saman.
Debe haber dirigido su fiel oído
A escuchar todas las reglas de la amena gramática
En su larga alocución ¡que bien hablo!
En toda su extensión ni una sola regla rompió”. Hoy e día se considera a Hanuman un ser divino, y en algunos lugares de la India es fervientemente adorado.
A los monos se les considera sus representantes, de allí que muchos templos estén llenos de ellos y esté visto como un acto meritorio el alimentarlos y como un acto sacrílego el molestarlos.

Tuesday, May 20, 2008

Cú chulainn, la historia

Cú Chulainn significa el "perro de caza de Cullan". Cuando era niño su nombre era "setanta" que significa ‘el pequeño’. Se convirtió en Cú Chulainn cuando mató al perro guardián del herrero Cullan, y así prometió guardar la casa de los herreros en lugar del perro. Cú Chulainn es uno de los grandes héroes irlandeses. Los hechos más famosos de este héroe se encuentran en la saga Táin Bó Cualgne (El robo de ganado de Cooley). Su propio nacimiento tiene ya características mágicas, pues tiene un padre divino y otro mortal. La madre de Cú Chulainn era Dechtire, hija del druida Cathbad quien era, a su vez, consejero del rey Conchobar. Fue Cathbad quien predijo que Cú Chulainn sería un gran guerrero, pero que moriría joven. Al poco de casarse Dechtire con Sualtam, hermano del depuesto líder de Ulster Fergus, huyó junto con sus cincuenta damas al más allá convertidas en bandada de pájaros. Durante el banquete de boda tragó una mosca que le hizo soñar con el dios solar Lugh, que fue quien le dijo que emprendiera ese viaje. Cathbad tranquilizó a su yerno diciendo que Dechtire sólo había ido a visitar a sus parientes, puesto que su abuelo materno era Aonghus. Lo cierto es que Lugh retuvo a Dechtire en el más allá durante tres años.
Cuando Dechtire y sus damas regresaron a Emain Macha —la fortaleza de los reyes de Ulster— en forma de pájaros de brillantes colores, Dechtire esperaba un hijo de Lugh, Setanta. Sin embargo, Sualtam estaba tan feliz de tener de vuelta a su esposa que aceptó al muchacho como si fuera su propio hijo.
Desde joven Setanta aprendió las artes de la guerra, pero nadie fue consciente de su fortaleza y bravura hasta que mató a un enorme perro con las manos desnudas. El buen herrero Culann vivía solo, plenamente entregado a su trabajo. Para cuidado de sus cosas y rebaños, tenía, como guardián, un enorme perro. En cierta ocasión, el rey Conchobar recibió invitación de su artesano para que compartiese la mesa de un simple forjador. El soberano, que conocía el estilo de vida del herrero, procuró presentarse con poca comitiva. Cuando se dirigía a casa de Culann, vio que su sobrino Setanta estaba venciendo a unos cincuenta muchachos en juego de competición. Quedó tan maravillado de la fuerza y destreza del niño, que lo invitó a que lo acompañase, como si ya fuese uno de sus guerreros. Pero Setanta quiso terminar las pruebas.
Cuando Conchobar llegó a casa del herrero ya no se acordaba de que había de llegar su sobrino. El herrero cerró las puertas del muro que rodeaba su casa y dejó suelto al perro como guardián ante la puerta. Cuando llegó el niño, penetra en el cercado y el perro se abalanza contra él. Pero en el momento en que el can abre la boca, Setanta lo coloca, en la garganta, una bola de las que se utilizaban en las competiciones. No termina aquí la cosa: lo estrangula y lo arroja contra la pared, estrellándole la cabeza contra uno de los pilares de la entrada.
Los invitados salen de la casa para ver qué ocurre y ven a un niño de seis años junto al perro destrozado. Al ver aquello Culann se entristece sobremanera. Aquel perro era su compañero inestimable, su colaborador más fiel. Setanta intenta consolarle: "No te apenes. Te regalaré un cachorro que, cuando sea mayor, te prestará el mismo servicio que hasta hoy ha cumplido tu perro guardián. Mientras el perro crece, yo haré las veces de guardián como si fuese tu perro".
Culann agradeció el gesto pero declinó la oferta. Y por aquella bella acción, el druida Cathbad puso a Setanta un nuevo nombre: "El perro de Culan", con el que, desde entonces, fue conocido por todas las gentes del Ulster e, incluso, allende aquellas tierras.
Siendo aún un muchacho, Setanta inicia un complejo proceso ritual que le conducirá a la adquisición final de la condición de guerrero, momento que sucede cuando escucha los buenos augurios del druida para quien en ese determinado día, tomara las armas, cosa que él exige y consigue de manos del rey, no sin antes haber destrozado varios juegos hasta encontrar las apropiadas a su fortaleza. Cú Chulainn era muy admirado por todas las mujeres. Se enamoró de Emer, hija de Fogall, un astuto jefe de clan cuyo castillo estaba cerca de Dublín. Cú Chulainn pidió la mano de la muchacha, pero su padre, que se negaba a la unión, indicó que Cú Chulainn todavía tenía que consolidar su reputación como guerrero, sugiriendo que aprendiera del campeón escocés Domhall. Cú Chulainn supo por Domhall que el mejor maestro de armas era Scathach, una princesa guerrera de la Tierra de las Sombras. Así que partió hacia el misterioso lugar y se puso a su disposición. Scathach le enseñó su famoso paso de combate. El joven héroe fue adiestrado por ella durante un año y un día y se hizo amante de su hija Uathach. Aparentemente, Scathach temía por la seguridad de Cú Chulainn, y procuró sin éxito que no se enfrentara con la amazona Aoifa, enemiga declarada de Scathach. Sin embargo lo hizo y logró vencerla valiéndose de la astucia, tras lo cual se convirtió en su amante y tuvo un hijo con ella, el infortunado Conlai, que más tarde Cú Chulainn dio muerte, ya que cuando el joven vino desde la Tierra de las Sombras a visitar Ulster no se reconocieron y el enfrentamiento fue inevitable. Desgraciadamente, el anillo de oro que llevaba Conlai delató su identidad cuando ya era demasiado tarde. Aunque Cathbad había alertado que cualquiera que mantuviera su primer combate en un día fijado de antemano estaba destinado a tener una vida corta, Cú Chulainn, impaciente por luchar contra los enemigos de Ulster, blandió de inmediato sus armas contra tres guerreros semidivinos llamados Foill, Fannell y Tuachell y sus numerosos seguidores, matándolos a todos.
En ese combate Cú Chulainn mostró por vez primera su frenesí bélico y su transformación en el momento de la batalla: su cuerpo se estremecía violentamente; los talones y las pantorrillas se giraban hacia adelante; un ojo se le adentraba en la cabeza mientras el otro sobresalía, enorme y rojo, en la mejilla; la cabeza de un hombre le cabía entre las fauces; su boca se deforma hasta las orejas; el pelo se le erizaba como espino, con una gota de sangre en cada punta; y en lo alto de su cabeza se elevaba, como el mástil de un barco, una gruesa columna de sangre oscura. Como al volver a Emain Macha en su carro "engalanado con las cabezas sangrantes del enemigo" aún tenía en el cuerpo el frenesí de la batalla, sólo gracias a una treta de la reina de Ulster, Mughain, se salvó la situación. La Reina envió fuera de las defensas del castillo a un grupo de unas ciento cincuenta muchachas desnudas que llevaban tres tinajas de agua fría. Introdujeron en ellas con suavidad al asombrado y ruborizado Cú Chulainn: la primera estalló, en la segunda el agua hirvió furiosamente y la tercera ya sólo se puso muy caliente. De esta forma fue aplacado el guerrero tras su primer baño de sangre. Cú Chulainn acude a la batalla montado en su carro conducido por su auriga Laeg, quien también cuenta con ciertos poderes sobrenaturales, y tirado por dos caballos que nacieron durante el periodo de su concepción. Entre las armas del héroe destaca la lanza conocida como Gae Bulga, arma terrible que provoca la muerte instantánea al ser arrancada.
Finalmente, Cú Chulainn regresó a la fortaleza de Fogall para casarse con Emer, que no se la quiere dar en matrimonio. Cú Chulainn combate con todos los guerreros del padre de Emer, a los que da muerte y logra rescatar a la princesa, que su padre había encerrado en un castillo de imposible acceso, a no ser para un héroe como el audaz enamorado.
Sus hazañas en combate son innumerables, protagonizando especialmente el relato conocido como Táin Bó Cuailnge, "El Robo de Ganado de Cooley", donde él solo libra al Uladh de la amenaza de la reina Medb de Connacht. Como corresponde a su carácter semidivino, Cú Chulainn entra en contacto con los dioses, tanto con su padre Lug, como con las diosas guerreras Morrigán, Nemain y Badb, e igualmente realiza incursiones en el Más Allá. De aspecto hermoso es deseado por todas las mujeres con las que se cruza, lo que provoca los celos de su esposa Emer, quien le hace pasar por una serie de pruebas sobrenaturales antes de casarse con él. El concepto del honor es tan importante en el héroe que mata a su único hijo por salvar el reino.
Aclamado campeón de Irlanda en un concurso de cortar cabezas, en poco tiempo Cú Chulainn fue invencible en el combate, destreza que le iba a resultar muy necesaria en su última batalla, un combate épico preparado por la reina Medb (o Maeve), señora de Connacht, en la que se enfrentó en solitario al ejército invasor de la reina. La principal razón, un robo de ganado a gran escala, era la búsqueda del famoso toro castaño de Cuailgne. Pero el tirano dirigente de Ulster, el rey Conchobar Mac Nessa, intervino también reclutando a rebeldes de Ulster y otros muchos irlandeses en el bando de la reina Medb. Una profecía le había anunciado que vería su ejército cubierto de "escarlata y rojo" por culpa del valor de Cú Chulainn, pero estaba decidida a llevar a cabo la invasión y, además, contaba con tres bazas a su favor. La primera, que el gran héroe tenía como enemigos a la familia de Calatin, cuyas hijas eran brujas. Justo en su último paseo con su fiel auriga Laeg, las brujas le hechizaron quemándole un hombro y una mano. La segunda, que atacó cuando los hombres de Ulster estaban en un mal momento por la maldición de Macha, que les impedía luchar durante cinco días y sus correspondientes noches. Y la tercera, que Cú Chulainn había perdido el apoyo de la diosa Morrigan, señora de la guerra (que se convertirá posteriormente en el hada Morgana), al rechazar su amor. Finalmente lanza todas las fuerzas de Irlanda, combinadas por el hijo de Cú Roi, contra el campeón de Uladh. Durante tres meses no cesan las luchas, de uno en uno o por grupos, Cú Chulainn siempre sale vencedor. No importa demasiado las heridas que recibe. Por la noche, Lugh, el de largos brazos, acude a su lado para curarle con bálsamo de recuperación. Sin embargo, Cú Chulainn combatió a pesar de todo y rechazó el avance del ejército de la reina Medb por medio de astutas tácticas y sorprendentes ataques hasta que el efecto de la maldición de Macha se desvaneció y los aturdidos guerreros reaccionaron a la llamada a las armas de Sualtam Mac Roth. Sin embargo, esta ayuda llegó tarde para Cú Chulainn que, acorralado por el enemigo, fue vencido a pesar de la intervención de su padre, el dios solar Lugh. Su único acompañante, Laeg, resultó herido por una lanza y el propio Cú Chulainn sufrió una terrible herida en el estómago que ni Lugh pudo curar. Finalmente, el campeón de Ulster se ató a una piedra vertical para poder luchar hasta el último aliento. En cuanto murió, Morrigan se posó en su hombro en forma de cuervo y el hijo de Cú Roi se ensaña con el cuerpo muerto del héroe cortándole la cabeza y la mano derecha, en señal de triunfo y abandonando el cuerpo a las aves carroñeras. Conall, su hermanastro, consiguió reunir todos los trozos, pero Ulster lloró amargamente la muerte de su campeón. Además, su fama era tal que las proezas de Cú Chulainn influyeron en el desarrollo de la leyenda artúrica en Gran Bretaña y Francia.

 

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